Cuando el cielo advierte: lluvias, memoria y conciencia nacional

Cuando el cielo advierte: lluvias, memoria y conciencia nacional
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Por medio de un artículo reflexivo pero contundente, el Licdo. Manuel Félix Rubio nos recuerda que: “La naturaleza no avisa dos veces sin que antes hayamos decidido ignorarla.”

Santo Domingo. Las lluvias torrenciales de este 8 de abril sorprendieron a la República Dominicana con la misma intensidad con la que, año tras año, evidencian una verdad incómoda: seguimos sin estar preparados. Calles anegadas, tránsito colapsado y comunidades vulnerables reflejan no solo un fenómeno climático, sino una falla estructural que persiste en el tiempo. No es la primera vez, y eso es precisamente lo preocupante.

Un país expuesto de manera recurrente a eventos climáticos extremos no debería reaccionar con improvisación. La falta de planificación urbana, drenajes deficientes y una gestión de riesgos que aún no logra consolidarse convierten cada lluvia fuerte en una crisis anunciada.

Pero más allá del impacto inmediato, estas lluvias traen consigo un peso emocional que no puede ignorarse. La memoria de tragedias recientes, como la del Jet Set, vuelve a hacerse presente. Cada inundación revive la pregunta que incomoda: ¿pudo evitarse? En muchos casos, la respuesta sigue siendo sí.

Recordar no es opcional. Es un deber.

La memoria colectiva debe ser el punto de partida para la acción, no un recurso que se activa solo en medio del dolor. Cuando una sociedad olvida, repite errores; cuando repite errores, normaliza la tragedia.

Este momento exige más que diagnósticos. Es un llamado urgente a la conciencia nacional. Las autoridades tienen la responsabilidad de prevenir, planificar y actuar con eficiencia, pero la ciudadanía también juega un rol clave: desde el respeto a las normas hasta el uso responsable del entorno.

La prevención no es tarea de uno solo.

Las lluvias de hoy son una advertencia clara. Ignorarla sería un error que el país no puede seguir permitiéndose. Porque al final, el verdadero problema no es la intensidad del agua que cae, sino la indiferencia con la que, muchas veces, decidimos enfrentarla.

Tomar las acciones correctas tanto como personas y país, a diferencia del clima, sí está en nuestras manos cambiarla.

 

Fuente: Redacción DfV

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