Opinión Invitada: Cuando una Nación le pierde el respeto a la otra
República Dominicana y Haití: una relación que exige Respeto, Soberanía y Responsabilidad.
Santo Domingo, República Dominicana.— Cuando una nación le pierde el respeto a la otra, no solamente se deterioran las relaciones entre los pueblos: también se debilitan las posibilidades de construir soluciones comunes a los desafíos que comparten.
La realidad que viven Haití y República Dominicana, dos países que comparten la isla La Española, demanda una mirada responsable, basada en el respeto mutuo, la soberanía, la convivencia pacífica y el cumplimiento de las leyes de cada Estado.
República Dominicana tiene el derecho y la responsabilidad de establecer y hacer cumplir sus políticas migratorias, proteger sus fronteras y garantizar el orden dentro de su territorio. De igual manera, el pueblo haitiano merece vivir con dignidad, seguridad y oportunidades en su propio país.
El respeto entre naciones no significa renunciar a los principios ni a la defensa de los intereses nacionales. Significa reconocer que cada Estado tiene derechos, deberes y responsabilidades que deben ser respetados.
La situación haitiana, marcada por profundas dificultades institucionales, sociales y de seguridad, tiene consecuencias que trascienden sus fronteras.
Sin embargo, la búsqueda de soluciones no puede convertirse en una carga exclusiva para República Dominicana ni en motivo de confrontación entre ambos pueblos.
Es necesario diferenciar entre las decisiones de los Estados, las actuaciones de grupos o autoridades y la dignidad de los ciudadanos comunes.
Haitianos y Dominicanos merecen que las diferencias políticas y diplomáticas no se conviertan en discursos de odio, discriminación o violencia.
Una frontera puede separar dos Estados, pero no debe convertirse en una barrera contra la dignidad humana.
República Dominicana debe defender su soberanía con firmeza, pero también con responsabilidad y respeto. Haití, por su parte, tiene el desafío de recuperar la estabilidad institucional y generar las condiciones necesarias para que sus ciudadanos puedan desarrollar una vida digna dentro de su territorio.
El futuro de la isla requiere diálogo, respeto y responsabilidad de ambos lados.
Porque cuando una nación pierde el respeto por la otra, la convivencia se convierte en conflicto; pero cuando ambas reconocen sus derechos y responsabilidades, pueden comenzar a construir un camino diferente.
Fuente: Ecoanaliticas

